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Mucha tela que cortar

La familia Jacob jamás imaginó que su accidental llegada a Colombia haría realidad un sueño: la creación de la primera empresa no algodonera del país. Setenta y ocho años después de su planeación y realización, y veinticinco de llevar el nombre de Maritel del Nogal, continúa siendo única en su estilo dentro del sector.

Raymond Jacob, actual presidente de la empresa, asegura sentirse orgullosamente colombiano pese a haber nacido en Francia. Allá, cuando la Primera Guerra Mundial apenas empezaba, René, su padre, había perdido la industria familiar de telas jacquard de seda natural, pero no su experiencia en las trincheras y los conocimientos adquiridos con sus estudios de textiles. Junto a María Teresa, su esposa, perteneciente a una familia que trabajaba el gusano de seda, abrió de nuevo una fábrica que funcionó hasta la Crisis de 1929.
En 1933, con los recursos agotados, René, su esposa y sus dos hijos, de tres y cinco años, abandonaron Francia y tomaron un barco con sus máquinas y algunos especialistas hacia México, donde esperaban empezar de nuevo.
Cuando el barco atracó en Cartagena, les informaron que México estaba en revolución. René resolvió, entonces, irse a buscar la capital de Colombia. “No fue fácil ya que la maquinaria que traían mis padres tuvo que venir por el Magdalena y en mula, de modo que pasó bastante tiempo antes de que llegara a Bogotá”, dice Raymond.
Luego de su llegada a Colombia, con la ayuda de algunas familias muy notables, René logró comprar un telar para trabajar telas para ropa interior que guardaba en la tina de la casa. Con las telas que hacían y dos máquinas de coser, él y su esposa lograron establecer una pequeña confección. Para ese entonces, el teñido mejoraba visiblemente.

Por Angélica Garzón / Revista Credencial